Centenario de Teodoro González de León: arquitecto detrás de Torre Arcos Bosques
A 100 años de su nacimiento, celebramos al creador de uno de los edificios más icónicos de la Ciudad de México: “El Pantalón”
Torre Arcos Bosques vista desde su base circular de concreto martelinado.
El 29 de mayo de 2026 se conmemora el centenario del nacimiento de Teodoro González de León (1926-2012), el arquitecto mexicano que, junto con Francisco Serrano y Carlos Tejeda, diseñó Torre Arcos Bosques, el edificio que hoy da identidad a todo un corredor corporativo en el poniente de la Ciudad de México.
Quién fue Teodoro González de León
Nacido el 29 de mayo de 1926 en la Ciudad de México, González de León estudió arquitectura en la UNAM y en 1947 viajó a París para trabajar en el taller de Le Corbusier, una experiencia que marcaría toda su carrera. De regreso a México dedicó más de seis décadas a transformar el paisaje urbano de la capital con sus descomunales estructuras de concreto martelinado: esa textura rugosa, martillada a mano, que captura la luz de manera única y se convirtió en su firma inconfundible.
Aunque algunos expertos lo han llamado el máximo representante del brutalismo mexicano, su legado es más complejo que una sola etiqueta. Como destacó la urbanista Karina Licea en la reciente conferencia de anuncio del programa de centenario: "Es necesario reconocer la multidimensionalidad en la obra de González de León, porque también era escultor, pintor; un amante del arte, como él mismo decía."
Vista aérea de Torre Arcos Bosques.
Torre Arcos Bosques: la historia de nuestro edificio
Torre Arcos Bosques nació de la colaboración entre Teodoro González de León, Francisco Serrano y Carlos Tejeda, tres arquitectos que lograron una obra donde cada elemento tiene una razón de ser. Las dos torres conectadas por un arco monumental no son un capricho formal: el arco funciona como elemento de arriostramiento estructural que aumenta la resistencia sísmica del conjunto, permitiendo mayor altura con menor masa individual.
La audacia geométrica de Torre Arcos Bosques: concreto, cristal y cielo.
La base circular, esa estructura de concreto aparente que se ha vuelto uno de los elementos más fotografiados de la arquitectura contemporánea en México, cumple múltiples funciones: genera una transición de escala entre el nivel peatonal y las torres, ofrece sombra y microclima, crea un espacio público semiabierto y, sí, enmarca las torres en un marco fotográfico que González de León diseñó con plena intención.
El círculo perfecto de la base: un marco intencional que se ha convertido en ícono de la arquitectura mexicana.
El concreto martelinado: la firma de González de León
Quien ha recorrido la plaza de Torre Arcos Bosques ha tocado, quizá sin saberlo, la superficie que define toda la obra de González de León. El concreto martelinado es una técnica en la que el concreto fraguado se martilla para revelar los agregados pétreos, creando una textura rugosa que cambia con la luz a lo largo del día. No es un acabado económico: es una decisión estética deliberada que celebra la honestidad del material y el proceso constructivo.
Detalle de la fachada: la retícula de concreto y cristal que define la identidad visual de Torre Arcos Bosques.
A lo largo de su carrera, González de León evolucionó constantemente. Del concreto martelinado gris de sus primeras obras pasó al concreto blanco, siempre incrementando la proporción de cristal y la presencia de luz natural. Como recordó el arquitecto Felipe Leal, miembro de El Colegio Nacional: "Su última obra era siempre la mejor, porque pensaba en el proceso de maduración detrás de cada obra. Él siempre trató de meterle mucha luz a los edificios, por medio de patios, corredores, calles interiores. La suya siempre fue una obra muy pública."
Un edificio que vive
A diferencia de muchas obras arquitectónicas que se convierten en piezas de museo, Torre Arcos Bosques es un edificio que pulsa con actividad todos los días. Su lobby, con sus columnas de concreto, con sus acabados, es un espacio donde la generosidad del diseño se experimenta en lo cotidiano. Esa fue siempre una prioridad para González de León: que la arquitectura fuera pública, accesible, vivida.
El lobby de Torre Arcos Bosques: columnas de concreto, plafón de madera y transparencia hacia la plaza.
Un legado que abarca toda la ciudad
Torre Arcos Bosques es solo una de las muchas obras que González de León dejó en la Ciudad de México. Su catálogo incluye el Edificio Infonavit (1975), El Colegio de México (1976), el Museo Rufino Tamayo (1981, con Abraham Zabludovsky), la remodelación del Auditorio Nacional (1991, también con Zabludovsky), el Museo Universitario Arte Contemporáneo, MUAC (2008), y Torre Virreyes (2015), una de sus últimas obras, completada cuando tenía casi 90 años.
Lo notable es que todos estos edificios siguen plenamente vigentes. El Auditorio Nacional recibe miles de personas cada semana. El MUAC sigue siendo referente del arte contemporáneo. El Museo Tamayo, que el arquitecto Ernesto Betancourt describió como un espacio donde "es asombrosa la forma en que la luz baña al edificio sin dañar la obra", sigue integrándose al Bosque de Chapultepec exactamente como González de León lo imaginó hace más de cuatro décadas.
Concreto para la eternidad
Desde Torre Arcos Bosques vivimos y experimentamos a diario el legado de Teodoro González de León. Cada vez que cruzamos el lobby, cada vez que miramos hacia arriba a admirar la forma y la altura del edificio, cada vez que alguien se detiene en la plaza a fotografiar el arco que conecta las torres, estamos habitando la visión de un arquitecto que construyó para la permanencia.
En la era de la arquitectura efímera y las tendencias pasajeras, González de León nos dejó una lección que este edificio encarna todos los días: la buena arquitectura es atemporal. El concreto, ese material supuestamente frío e impersonal, se convirtió en sus manos en poesía urbana. A 100 años de su nacimiento, esa poesía sigue resonando aquí, en cada rincón de Torre Arcos Bosques.